Son de altura: Don Laco y el son colateco
(Remembranzas de un encuentro)
De Román Güemes Jímenez
Tecalanta, Veracruz, marzo del 2004
Allá por enero de 1982, una mañana huasteca, chicontepecana, cálida y húmeda, a casa de nuestro entrañable hermano Carlos Cruz Fajardo (Mexcatla, Veracruz, 1947-1987) excelente laudero, jaranero y falsete mayor en el huapango, llegó un hombre correoso, curtido por el inclemente sol colateco, de buena edad entonces. Saludó desde el patio a la usanza huasteca. Saludó otra vez mientras expulsaba el aromático humo de su puro veguero. Me correspondió a mí recibirlo, pues Carlichi andaba buscando alguna madera y Chimina atendía en la cocina de humo un chunacateado... Ese hombre era don Heracleo Alvarado Téllez, acompañado por un joven, también seco y asoleado, que ya en el carnaval (nanawatilis) supe que se llamaba Julián Cuervo Martínez. Carlichi los hizo pasar a la casa vieja, espaciosa y fresca. El motivo de la visita era lograr una prueba con el jaranero mexcateco. Los huapangueros de por acá acostumbraban a probar a los músicos antes de hacer cualquier contrato o compromiso. A poco, se inició la tocada de prueba. Don Laco al violín y Carlos en la jarana. Después nos sumamos al huapango. Este asunto se llevó la mañana entera y concluyó en la mesa donde las tazas y platos vaporosos iban y venían satisfaciendo nuestro apetito. Es una costumbre muy añeja la práctica de dar y recibir, del saber dar y el saber recibir. En la Huasteca nadie se irá sin haber tomado cuando menos un café. Los dos colatecos, el maestro y el alumno, se retiraron. El trato se hizo. Nos veríamos en el carnaval.
Llegada la fecha, en febrero, nos dirigimos a Colatlán. Con nosotros iba Odilón Hernández, guitarrero de El Huizache–Chicontepec, Veracruz, quien suplió a Chico Cuahuitzil que no pudo ir. Tomamos el autobús en la tienda “El cometa” de doña Chelo Flores Lara.
Se inició el carnaval y aparecieron los mekohmeh o mecos, danzantes disfrazados que bailan durante los cinco días de las carnestolendas, donde los tlawelilok (diablos) blanco, rojo y pinto celebran con euforia su fiesta. El carnaval ( mekohtitla ,o nanawatilis), al igual que xantoloh ( día de muertos), es una fiesta rectora en estas tierras donde la espiritualidad se vive plenamente. Con el carnaval se celebra a la tierra cuya fecundidad se traduce en maíz, frijol, chile y otros alimentos indispensables en la vida del huasteco y se aplacan o neutralizan las fuerzas
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